Me besaste. Fue un beso largo, lleno de pasión y amor, que podía decir más que mil palabras, aunque sólo significaba dos. Nos quedamos así, con las manos entrelazadas, transmitiéndonos calor, sintiendo el palpitar de nuestros corazones galopantes. Con la mirada más tierna y cargada de eso, dije las dos palabras que vos me habías dicho en el silencio de tu beso: te amo. Me sonreíste, y me dijiste que vos también. No era necesario, ya lo sabía, me lo demostrabas, me lo decía tu mirada. Los hombres a veces se olvidan que sus miradas, sus gestos hablan por ellos, más de lo que se pueden dar cuenta. No importa, de todas formas era agradable oírlo. Pero, pensándolo bien, no lo era. Sí, yo te amaba, y vos a mí, pero las cosas no debían ser así. Ninguno de los dos sabía amar al otro, no. Nuestra traición era como un arma afilada, una fina daga, la más fría de todas, que se clavaba en nuestro ser, de donde nuestra sangre caliente por el amor, se desperdiciaba y nos hacía desangrar. Sin embargo, ahí estábamos, tratando de vendar nuestras heridas que pronto abriríamos de nuevo. Que pronto yo abriría de nuevo. Sí, te clave un puñal, fui precisa, no fallé. Uno siempre falla, pero cuando debe hacerlo no lo hace. Te hice una herida profunda, muy profunda. Tu sangre quedó en mis manos, aún sigue ahí, haciendo imposible que te olvide y más imposible que me deje limpiarla, limpiarme del mal que te cause. Y vos, con tu herida, seguiste adelante. No sé que fue de ella, la ocultaste debajo de tu ropa, no me dejaste verla. Aún no me dejas. Pero no sabes que me martirio, no me perdono esa marca que te dejé. Y me pregunto si algún día me perdonarás el haber dicho que te amaba, sin saber hacerlo. Porque solo tu perdón puede lavar mis manos.
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consuuuu me encantaaaa,,muy lindoo
ResponderBorrarejem ejem
quien? si tien eun quien.. solo un pensar del inconciente...
sisi de tanto leer tus cosas. me quede trastornadita sori.. ajajja
besos..