domingo, 9 de agosto de 2009

Ritual de sumersión


Respiré profundo, llené mis pulmones de oxígeno, dióxido de carbono, y quien sabe que otro gas, y me sumergí en el agua lentamente. Una vez más, los sonidos se fueron apagando, la leve presión del agua en mis oídos se hizo presente, al igual que esa débil fuerza que me empujaba hacia arriba. Dejé que la corriente me arrastrara unos centímetros o metros, que más daba. Mi cuerpo no pasaba a ser más que una presencia física de mi ser, dejando por una vez a la mente tomar el poder, así que realmente no me importaba hacia donde fuera. Nunca antes me había sentido así. Empecé a forjar una imagen en mi cabeza. Primero débilmente, luego cobró más consistencia, era demasiado verídica como para no existir. Quizás el hecho de no poder borronearse con las distracciones del mundo exterior era lo que la hacia tan verídica. ¿Quién sabe? Solo sabía que esa imagen era real. Que tu sonrisa era verdadera, tus manos me invitaron a acercarme realmente, tus pies nadaron en el agua efectivamente y tus ojos me miraron existentemente. (¡Ay!, ¡Cómo me miraron! Tan de lleno, tan profundo, desnudando lo más profundo de mi alma, haciéndome sentir tan vulnerable y fuerte a la vez) Me llamaste con la mano, no había dudas. Te seguí, siempre detrás de ti, haciendo lo que me pedías. Me acerqué. Casi pude sentirte, casi nos rozábamos. Pero cuando estaba lo suficientemente cerca como para poder tocarte, te alejaste. Y sonreíste, divertido con tu juego. Y yo también lo hice, pero sólo contagiada con tu sonrisa. Seguiste jugando, unos segundos más, hasta que te cansaste. Y ahí fue cuando te acercaste (¿O me dejaste acercarme?). Pude sentir tus labios, a través del agua. Nos fundimos en un beso. Un beso lleno de palabras, recuerdos, miradas, roces, caricias, recuerdos. Un beso que contenía dos mundos y los unía. Pero el aire otra vez se me acababa. Te pedí que no me dejes. Me sonreíste, me espiaste el alma con tu mirada de nuevo y me soltaste, para dejarme subir. Salí del agua, inhale y repetí una vez más ese ritual de la sumersión, tratando de no perder un segundo para que no te fueras. Pero lo hiciste de todas formas. Me hundí en el agua, te busqué, traté de imaginarte, de llamarte, y no estabas. Tu rostro no se formó, tu cuerpo ya no era un cuerpo. La tan clara imagen ya no era más que una sombra de lo que había sido antes, era tan sólo un dibujo de mi imaginación. Creí que había hecho algo mal, repetí los mismos pasos. Pero no, no estabas, era indudable. Me habías dejado para siempre, con un beso tuyo en mis labios y tu sonrisa grabada en mi memoria, para no borrarse nunca.


cmsv.

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